29 de Abril de 2019-16 años de impunidad

Carlos Verón

Temimos por las pertenencias, temimos que se venia la ruina del sacrificio y terminamos temiendo por nuestras vidas, y temimos bien a los innumerables daños que causaron las leyes que rigen el desastre.
Al final fue uno solo el temor.

Si recuerdo? Si fuimos a un lugar seguro, tomamos posesión del miedo y huimos como las hormigas,

En cada rostro se dibujaba al miedo y estábamos expuestos a pensarnos desprotegidos, teníamos derecho a pensarlo, era el único derecho allí presente.

Por allí en un momento de calma me di cuenta que nos abandono hasta el sol ese día, cerrándose a nosotros con una cortina de llovizna incesante, 

Mientras cubríamos acurrucados a nuestros hijos, y acurrucados unos con otros para sentirnos cerca del calor de tenernos unos a otros, entraba la noche como piadosa no tan oscura, o la mas oscura de las noches que nos hizo perder la claridad del tiempo; muchas lagrimas aumentaban esa inundación, no puedo olvidar los rostros cada incertidumbre podía verse en la deformidad de unos ojos caídos y resignados. 

Eso me hace temblar que estoy más cerca de olvidar aunque no debería y jamás podré, pero niego cada día ese día, no quiero seguir lastimando de recuerdos, ya la memoria es dueña. 

Pero cada imagen sigue siendo una postal del mismo infierno que degolló la autoestima.

Todos sin calma, mas aterrorizaba desde lejos y en todo ese silencio escuchar “ayuda estoy acá”, les dejo a la imaginación como teníamos la piel, se erizaba de espanto e impotencia.

Pero no era seguro estar seguros que alguien vendría
Y valimos de coraje al terror que nos hacia sombras, 
Así buscamos seleccionar un refugio para los no tan jóvenes discapacitados y los niños, era como esa sensación de esperar la muerte resignados por dentro mientras alentábamos a los demás con las fuerzas que no teníamos en realidad.

Tan incoherente pensar en sobrevivir en un ambiente que siempre fue calmo, de hecho no estábamos preparados para tan horrorosa “comedia” que nos sorprendía la imaginación.

Que difícil se hace relatar tan confuso episodio que marco las vidas, enseguida nos viene la angustia de solo pensarlo.

Esa huella se marca en cada lluvia posterior, la humedad raja las paredes del corazón, cada cielo gris nos obliga a una plegaria que cae de la inercia como la defensa oportuna.

Nada es igual, siento ese olor a podrido que me condiciona y me somete a ese momento donde en un par de segundos repito la experiencia. 

Espero que la vida y la costumbre no nos castiguen con algo peor ayer, por que peor que ayer tendría un incalculable dolor.

No quisiera ser sarcástico pero con tanta inundación y tanta agua, tanta muerte y desamparo, tendrán alguna gota de remordimiento aquellos culpables!?.

(Carlos Veron)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *