«La Voz» de los Vecinos de Villa del Parque

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Editorial Revista «La Voz» N° 92 – Agosto 2019.

Muy pocas veces se ha podido ver en la historia, un ajuste tan despiadado y como contrapartida una resignación tan marcada como la de esta sociedad argentina que asiste –con muchas excepciones, hay que decirlo- a esta deforestación política y social que viene llevando adelante el gobierno nacional, con una pasividad que por lo menos sorprende.

Mientras la disputa electoral muestra un juego implacable donde se intenta sembrar miedo limitando así a quienes, ya con hartazgo, han elegido volver a cambiar, en el medio están los sectores más vulnerables y entre ellos, el más vulnerable de todos: los niños. Agosto es el mes del niño que para la mayoría de la gente es un día comercial, es decir, un día en el que se compran regalos (los que pueden) y se llevan a los chicos a pasear. Muy pocos reparan en el hecho de que lo más importante son sus derechos. ¿Qué sucede cuando esos derechos se destruyen?

¿Qué pasa cuando la igualdad es una mentira? Hoy vivimos en una sociedad en la que no todos tienen las mismas oportunidades; chicos y chicas que no pueden acceder a un plato de comida diario, a la educación, la salud o simplemente a una cama donde dormir y resguardarse del frío. A menudo se dice que garantizar eso es responsabilidad de los padres o los adultos, sin embargo pensarlo de ese modo es un error, porque ¿Qué sucede cuando esos adultos no tienen trabajo?. La respuesta es simple pero cruel: a esos niños se los come la calle. Es claro que todo es una cadena donde la infancia lleva las de perder y para que sea fructuosa y permita garantizar salud, educación, alimentación y vivienda digna, el Estado tiene que generar trabajo. Ahí comienza a girar la cadena: un ingreso digno permite todo lo demás. La fluctuación del dólar, el índice merval, si la bolsa sube o baja, son cuestiones de los especialistas; lo que le debe importar a la gente es qué medidas crean trabajo, todo lo demás es para la televisión. Cuando este diario esté en la calle habrá terminado prácticamente el mes del niño, lo que no debe terminar es la indignación por aquellos funcionarios que desentendiéndose de su responsabilidad buscan excusas o culpas ajenas mientras los más vulnerables siguen cayendo al pozo.

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