“Crónicas de la Tierra Fumigada”

Los agrotóxicos alcanzan nuestras vidas cuando fumigan y estamos cerca en zonas de ruralidad, pero también llegan a las ciudades por alimentos, agua de lluvia, elementos de salud e higiene personal y hasta una simple bolsita de almacén( Facundo Viola- Periodista).

El Senasa (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) detectó 82 tipos de pesticidas diferentes en 35 frutas y verduras, las de mayor consumo frecuente, según el último informe actualizado que data de los años 2011 al 2016. Un informe del Assal (Agencia de Seguridad Alimentaria Santafesina), del año 2017, dice que el 30% de frutas y verduras que se comercializan en mercados concentradores cargan pesticidas excedidos en su límite permitido o prohibidos para la producción. Sin embargo, pericias que se realizaron en el ámbito judicial de nuestra provincia por demandas interpuestas por privados, han detectado agrotóxicos hasta en el 70 % de productos de verdulería. Químicos neurotóxicos, genotóxicos, cancerígenos y disruptores endocrinos llegando a la mesa todos los días.

La siguiente serie de cortos, grabados desde un celular, intentan generar conciencia sobre una problemática que afecta a toda la humanidad y sobre la cual, los mantos de la naturalización social y desplazamiento de la agenda política, encubren los intereses de grandes corporaciones que llevan adelante el ECOCIDIO.

1-“Testigos del Más Acá”

 Fabián Amaranto Tomasi, el extrabajador fumigador que se convirtió en el símbolo de la lucha contra los agrotóxicos en Argentina y el mundo. Fallecido en 2018 envenenado por agrotóxicos asociados al monocultivo de soja.

2- Cielos de San Justo.

Testimonios de habitantes de la localidad de San Justo.

3- Ludmila Terreno.

Una niña que a partir del año y ocho meses de vida, debió ser asistida, en su pueblo natal, Bernardo de Irigoyen, tras presentar un cuadro de vómitos severos, deshidratación y pérdida de peso. “Contaminada por glifosato”, fue el diagnóstico de los médicos del Hospital de Niños.

Ludmila, vive en Bernardo de Irigoyen, un pueblo de unos 1.000 habitantes ubicado a casi 100 kilómetros de Rosario (Santa Fe) donde la lucha de sus familiares logró el traslado del depósito de plaguicidas, ubicado en plena zona residencial, y que también funciona como lavadero de máquinas fumigadoras. 

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